La música se transfigura: instrumentos y cambios

Las primeras décadas del siglo XIX fueron tiempos de cambio para la sociedad en general y los músicos no fueron la excepción. El contexto social se transformó con la revolución napoleónica, y el compositor, intérprete y docente, hasta entonces vistos como artesanos con buen oído cuyas obras eran encargadas y pagadas por una élite, empiezan a extender sus fronteras creativas para llegar a un público más amplio.

Los compositores y su música ya no se deben al cien por ciento a los caprichos de las cortes: ahora también se sienten libres para expresar su sentir sin directrices de por medio. La música sale a la calle y el público se complace en oír, gracias a las voces e instrumentos, historias nacionales, dramas amorosos o simples relatos cotidianos. El público de clase baja también empieza a apreciar el virtuosismo de los músicos.

Al transfigurarse el sentimiento en la música, el artista también cambia de estrato social y es visto casi como un genio por cuyo talento toca el cielo y es buscado tanto para celebrar un evento como para conmemorar un hecho histórico. El músico transciende, tiene discípulos, seguidores, crea escuelas dedicadas al arte de componer, cantar y sobre todo, a aprender la ejecución de un instrumento determinado.

Perfeccionar el instrumento

En el colectivo popular de la época se veía al músico como alguien genial que, de la nada o por un don divino, podía tomar un instrumento musical y ejecutarlo solo con inspiración y sin mayor técnica para maravillar al público. Pero esta situación empieza a tener otra visión cuando el mismo músico observa que más allá del sonido que emita un instrumento o una exquisita voz, se deberá cohesionar cada parte de la pieza interpretativa, y para ello es preciso perfeccionar la ejecución de los instrumentos, especialmente el piano, el órgano y el violín.

La fuerza del piano

El piano pasó a ser figura protagónica en el siglo XIX puesto que todos los compositores recurrieron a él para escribir sus notas musicales. Gran parte de las partituras de la época fueron hechas para piano y era usual que en cualquier hogar de la burguesía este instrumento también estuviera presente para acompañar determinados festejos porque los aprendices se atrevían a tocar en la intimidad familiar. Beethoven y Chopin hicieron del piano su instrumento preferido, buscando en cada nota la perfección del sonido con conciertos para piano y orquesta.

Violín sublime

Además de la indiscutible presencia del piano, el violín tuvo igualmente un rol preponderante en la evolución musical del siglo antepasado. El violín fue prácticamente desde mediados de 1700, en plena época del barroco, el instrumento virtuoso obligatorio en toda interpretación, convirtiéndose hasta hoy en lo más sublime de las orquestas.

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