Louis Armstrong: improvisación y energía

Sonidos de África, Europa y Estados Unidos se fusionaron para que naciera el jazz cuyas raíces están en los cantos africanos de alabanza a Yarum. De los años 20 del siglo pasado surgieron las conocidas voces de Lemon Jefferson y William Christopher Handy. Este último fue uno de los primeros en convertir en notas musicales las canciones tradicionales de la población afroamericana. Sin embargo, hubo un hombre que dentro del jazz explotó otras características musicales y transcendió su historia, su musicalidad. En gran parte se le debe a Louis Armstrong (1901-1971) que el jazz no fuera solo música bailable sino también música para oír, sentir e improvisar.

Talento inigualable

En sus inicios, Armstrong era conocido por ser un excelente trompetista, pero una vez que se oyó su voz grave, ésta se convirtió en su mejor instrumento para deleite de los amantes del género. Si el canto jazzístico masculino tiene una voz, esa es la de Armstrong, quien nació en el seno de una familia pobre en Nueva Orleans. Desde joven, aprendió a ejecutar la trompeta y se dio a conocer en su ciudad natal, dejando de ser el hombre que cargaba carbón a ser músico y a formar parte de una orquesta que tiempo más tarde haría vida en Chicago. Con su técnica e intuición musical no solo recorrió Estados Unidos, sino también Europa, Asia y África.

Armstrong grabó decenas de discos y ganó un Grammy en 1982. Siempre se le recordará por su virtuosismo con la trompeta y las innumerables veces en las que improvisó con su toque único una variedad de piezas que hoy día se conocen en el jazz como “variaciones melódicas”. Su originalidad sonora está repleta de creatividad y energía, gracias a él, la trompeta tiene un lugar preponderante, casi solista en el mundo del jazz, amén de su extraordinaria e inconfundible voz.

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