Más de un siglo de fusión llamado Jazz

Jazz es ritmo e improvisación y en cierta forma, hasta genialidad. La fusión musical con el jazz transforma en baile y nostalgia. Originalmente las notas se oyeron en los centros nocturnos de Nueva Orleans, Chicago y Nueva York en los albores del siglo XX, pero luego se convirtió un sonido universal.

Lo esencial

Basta una trompeta, trombón, clarinete y piano para despertar la armonía musical. Si a esto se le suma una hermosa voz, se llega al jazz en su máxima expresión. La sonoridad interpretada en sus inicios por la comunidad afroamericana inspirada en los cánticos de trabajo durante la época esclavista, que más tarde se alimentó de temas diarios como el amor y el desamor, se trasmuta en una expresión musical genuina llamada jazz. El jazz también son grandes bandas y solistas de voz e instrumento.

La conquista

El jazz conquistó no solo a los afroamericanos en general, sino también a gran parte de la comunidad blanca estadounidense de las primeras décadas del siglo pasado. El estilo primigenio incorporó sonoridad occidental o europea lo que trajo consigo elementos más rítmicos y ahora el jazz también era baile y tenía mayor aceptación social. Ese momento se conoció como “la locura del swing”. Además, gracias a las estaciones de radio y la industria discográfica, el jazz transciende las fronteras de la nocturnidad y empieza a llegar a un sinfín de hogares sin distingo de raza y credo.

La transformación

Como toda expresión artística, el jazz se va transformando con el paso del tiempo y son múltiples los estilos e interpretaciones que atesora a lo largo de más de un siglo de vida. Entre las décadas de 1930 y 1940, Harlem en Nueva York se convirtió en el centro del jazz y se afincaron las grandes bandas con solistas únicos. Diez años después vino el be-bop, donde predominaban las notas próximas potenciando la rapidez musical. Al be-bop se contrapuso el hard bop apoyado por músicos afroamericanos que buscaban rescatar la tradición vocal del blues y a esto se le contrapuso el cool, de músicos blancos, quienes interpretaban un ritmo intimista y pausado.

El funky y el soul se alimentan también del jazz tradicional hasta llegar a los años 50 con el rebautizado “jazz libre”, que no es más que la práctica de la improvisación colectiva, la vocalización del blues y el retorno al origen con ciertos matices con la finalidad de obtener nuevos sonidos. De esta búsqueda creativa surge el jazz modal, una fusión de música latinoamericana, india o árabe para dar paso más tarde al estilo jazz rock donde se experimenta con instrumentos electrónicos sin perder la esencia del saxo, trompeta, trombón, clarinete, batería y piano. Esto fue en los años 60, en pleno apogeo del rock and roll.

Tradición y experimentación han marcado históricamente las notas del jazz que trascendió fronteras desde aquellas noches en Nueva Orleans para ser un sonido fusión que no deja indiferente a nadie. Su esencia encarna la melodía de una sublime ejecución, instrumental, vocal, o una interpretación de ambas para alcanzar la armonía sensorial.

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