El bel canto o el arte de los sentidos: evolución de la ópera

Un tono de voz puro y con fraseo refinado recorrió las calles italianas en los siglos XVII y XVIII. La canción tradicional se hizo “bel canto”: ópera. Y este traje de ópera fue abandonando poco a poco las vías públicas para posarse en los salones de la aristocracia y en los teatros cuando los compositores de la época captaron su espiritualidad y crearon notas con gran agilidad en la vocalización y esmerada técnica, pero solo para élite.

De esa época popularmente genuina, se llega al estilo recargado del barroco con las óperas de Vivaldi y Haendel. Se requiere de fuerza vocal y técnica, se pierde la expresividad del canto popular y al tener las mujeres prohibida la entrada a los espacios del coro destinados en el escenario o las iglesias, se abren espacios para los eunucos, quienes acuñaron una rica escuela operística repleta de elementos vocales decorativos perfectamente técnicos de una belleza acústica sin igual, pero en ocasiones ausentes de alma.

La emoción vuelve al escenario

Después de ese periodo de tecnicismo casi perfecto, la ópera recupera su alma a finales del siglo XVIII y principios del XIX, tiempo en el que tiene su máxima expresión en cuanto a las composiciones. Se expresan las emociones, se llora y ríe, de alguna manera el público se ve representado en la ópera bufa o en la dramática.

Giacomo Rossini creó las mejores composiciones donde se mezcla un increíble equilibrio vocal y emocional. La voz es el instrumento perfecto para transmitir emociones y se torna un personaje que se hace real y tiene identidad. La orquesta ratifica esta fuerza dramática o humorística, dependiendo del montaje.

Sugestiva y seductora

En 1825 entra al mundo de la composición operística el italiano Vincenzo Bellini, con obras que se decantarán por la sencillez y originalidad de una línea estética sugestiva pasional que sobrepasa las notas musicales detalladas en las partituras. Es así, que gracias a su enorme sensibilidad como ser humano, dejó para la posteridad obras como Norma.

La creatividad de Bellini, quien vivió fuera del escenario amores tormentosos, descubre en sus diálogos la pasión y la ternura de las relaciones humanas. Nada le es ajeno y desarrolla momentos dramáticos que paralizan la razón y el sentimiento, imposibles de olvidar y difíciles de interpretar por su carga emocional y técnica.

Los compositores de ópera, del bel canto, trascendieron su momento histórico y hoy día siguen emocionando con su vitalidad. La nobleza de la creación en cada pieza continuará emocionando a los amantes de la ópera.

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